Camaná: personajes ilustres
andrews @ 03:44
Esta villa también tiene un genocida. No todo es Samuel Pastor, Nicolás de Piérola: también tiene un genocida: refiérome a Petronio Fernández Dávila, un general retirado, camanejo, que fue Jefe político-militar de Ayacucho, allá por los años '91 y '92.
En su cuartel, "Los Cabitos", los militares bajo sus órdenes, efectuaban ejecuciones extra-judiciales con los civiles a quienes luego de haberlos detenido injustamente y arbitrariamente, los torturaban salvajemente. Se han encontrado fosas comunes dentro del cuartel, conteniendo hasta más de sesenta cadáveres: amordazados, maniatados, con huellas de haber sido torturados, y con un balazo en la cabeza.
Más aun: en tiempos del General Mori, este miserable hizo construir dentro del cuartel un crematorio para quemar los cadáveres de los presos asesinados, a fin de desaparecer las huellas del delito. Inclusive, exhumaban los cadáveres para meterlos al crematorio. Se supone que todas estas prácticas producían por lo menos un mal olor.
Es el caso que Fernández Dávila, cuando se presentó como testigo en el juicio de Fujimori, dijo no saber nada. Comía, trabajaba y dormía en el cuartel, y no sabía nada de lo allí ocurrido.
Pero este mal camanejo también está implicado en el asesinato del ingeniero Constantino Saavedra Muñoz: este ciudadano fue detenido por militares y conducido al cuartel Los Cabitos No. 51 (Ayacucho).Lo ingresaron con vida, y nunca más se le vio salir.
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El 1 de octubre de 1990, Constantino Saavedra Muñoz, ex-teniente alcalde del distrito de Quinua, provincia de Huamanga, fue interceptado por miembros del Ejército, junto a los señores Gilberto Aparicio y Plácido Juscamayta. Estos últimos fueron liberados al día siguiente de la detención. Del señor Constantino Saavedra jamás se volvió a saber. |
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Constantino Saavedra Muñoz tenía 40 años y estaba casado con Maximiliana Rómula Quispe Montes de Saavedra, con quien tenía cuatro hijos. La pareja había asumido, además, el cuidado de otros dos menores de edad (sobrinos de la señora Maximiliana) cuyos padres habían sido asesinados en la selva. Saavedra era ingeniero agrónomo y fue teniente alcalde del distrito de Quinua, provincia de Huamanga, en el departamento de Ayacucho, durante el gobierno de Fernando Belaúnde. También era ex-dirigente de la Federación Departamental de Campesinos de Ayacucho (FADA), base de la Confederación Campesina del Perú. En la mañana del 1 de octubre de 1990, Constantino Saavedra se dirigió a la Oficina-Taller de la Corporación de Desarrollo de la Ciudad de Huamanga (CORFA), en compañía de los señores Gilberto Aparicio y Plácido Juscamayta. Estaban gestionando el alquiler de un tractor para labores agrícolas. Al salir de la reunión en CORFA, los señores Saavedra, Aparicio y Juscamayta observaron que un grupo numeroso de personas de los grupos de defensa civil de Acosvinchos, así como un camión y un carro del Ejército merodeaban la zona. Sin embargo, prosiguieron su camino. En ese momento fueron interceptados por efectivos de Inteligencia del Ejército, vestidos de civil, que se encontraban en los alrededores. Los efectivos les solicitaron sus documentos de identificación. Luego los detuvieron y los introdujeron por la fuerza en la caseta del camión. El vehículo se dirigió al Cuartel BIM 51"Los Cabitos". Al momento de ingresar al cuartel, los tres detenidos se encontraban sin ningún tipo de venda, por lo que pudieron reconocer perfectamente el lugar a donde los estaba llevando. Al pasar la primera tranquera del cuartel, los detenidos fueron obligados a cubrirse la cabeza con sus chompas (jumpers). Una vez en el interior las tres personas fueron registradas y separadas. Cada una quedó en recintos separados. Al poco tiempo los militares empezaron a interrogarlos, a torturarlos y a presionarlos para que se declararan terroristas. A Constantino Saavedra le preguntaban, específicamente, si conocía a Francisco Páucar. El 2 de octubre de 1990, los militares liberaron a los señores Gilberto Aparicio y Plácido Juscamayta. Previamente los amenazaron de muerte, tanto a ellos como a su familia, si contaban lo que habían visto en el cuartel. Antes de ser liberados, oyeron la voz de Constantino Saavedra, quien se quedó detenido. Mientras tanto, la señora Maximiliana Quispe buscaba desesperada a su esposo. Al enterarse, mediante sus compañeros liberados, sobre las circunstancias relativas a su detención se dirigió de inmediato al cuartel "Los Cabitos" para gestionar su liberación. Al llegar al cuartel, fue atendida por el general encargado de dicha Base Militar, quien negó que Saavedra se encontrara detenido en ese lugar. La señora Quispe realizó numerosas gestiones para obtener la liberación de su esposo. Denunció el caso ante el Fiscal Superior de Personas Desaparecidas y de Derechos Humanos de Ayacucho, ante el Arzobispo de Ayacucho y ante la Oficina Especial de los Derechos Humanos del Ministerio Público. Pese a las numerosas gestiones ante autoridades locales y nacionales que realizaran los familiares de la víctima, Constantino Saavedra nunca apareció. |
Los autores mediatos de este crimen son, los siguientes oficiales: Eduardo García Denegri, Raúl O'Connor La Rosa, Donato Saavedra Gárate, y Petronio Fernández Dávila, Jefe del Comando Político-militar de Ayacucho. Estos oficiales son autores mediatos, porque decidieron poner en práctica un plan de acción organizando al personal militar, al cual dotaron de logística y pertrechos militares para realizar el ilegal operativo. Estos altos jefes del Comando Político Militar, no mostraban la relación de detenidos, ni informaban sobre su situación a sus familiares. Fernández Dávila se negó a mostrar la relación de detenidos en el cuartel, así como la relación de los mandos de esos días de la detención, con un obvio propósito encubridor.
Estos oficiales genocidas están libres, sueltos, andándose por las calles, y recibiendo un sueldo del estado.
Este genocida avergüenza a Camaná. Los camanejos, en sus páginas web alusivas a su provincia, hablan solamente de lo bueno. Debieran hablar también de lo malo: de la mugre moral. Callan en siete idiomas, y con ello se hacen cómplices del cobarde terrorismo de estado ejercido por el estado peruano. Lo que estos genocidas quieren es, que nos callemos.
La herida está abierta y sangrante; clama por justicia. Nunca nos callarán
Tags: terrorismo+de+estado+Camaná+Fuerzas+armadas+genocidio Perú derechos+humanos
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Comentarios(4) »
Mercedes — 15-08-2009 - 19:40:05 GMT 1
Estos generales que lideraban los comandos político-militares en las zonas convulsionadas, siguieron una estrategia mortífera: "no importaba si el número de muertos ascendía a un centenar, con tal de matar a un solo comunista"; niños y adolescentes entre 14 y 18 años, fueron secuestrados por los militares de las Fuerzas Armadas del Perú, y sus cuerpos nunca han aparecido: fueron tirados a los desfiladeros y comidos por las alimañas.
Los fiscales de derechos humanos que recibían las denuncias de madres y esposas de desaparecidos por los militares, eran amenazados por los militares, o eran por éstos corridos a balazos. Aunque estos fiscales peregrinaban diariamente a los acuartelamientos a solicitar explicaciones, los oficiales de guardia los recibían con la misma letanía: "el general está muy ocupado".
Estos generales que lideraban los comandos político-militares en las "zonas de emergencia", eran dioses a los que nadie en sus cabales rechistaba. Los ciudadanos que no colaboraban con los comandos militares, eran considerados senderistas o terroristas.
El general Petronio Fernández Dávila, les explicaba a los civiles:
"Mi profesión es la guerra, y al que saca los pies del plato le doy
con todo lo que tengo".
Este miserable no solamente era una hiena, sino un cobarde; qué fácil sería mostrarse valiente con todo un poder legal, logístico, militar y político en manos,
ante un niño de 15 años vendado, amordazado, atado de pies y manos, sin dormir, y torturado.
Miserables; vayan a Tarapacá y Arica, vayan a las fronteras a recuperar los miles de kilómetros cuadrados que están en manos de los paísis vecinos. Ahí, ejerzan su valentía ante un enemigo armado.
Petronio Fernández Dávila es una vergüenza para la provincia de Camaná, por su crueldad, su cobardía y su cinismo. Los camanejos, que tanto gustan de alardear de playas y turismo, debieran de ser más realistas y honestos en sus páginas web, y denunciar a este mal camanejo.
Érika — 04-10-2009 - 11:04:07 GMT 1
Petronio Fernández Dávila es un encubridor. En 1,990, este miserable se desempeñaba como Jefe del Comando Político Militar de Ayacucho. Los efectivos bajo su mando, cometieron un horrendo y cobarde genocidio contra comuneros desarmados e indefensos:
Del 23 al 25 de Abril de 1,990, en la frontera entre Chumbivilcas y Antabamba, efectivos militares de la base militar de Huaquira, efectuaron una incursión en la zona: estaban al mando del teniente E. P. "Negro". Estos cobardes, apresaron a 21 comuneros de la región, sin orden judicial; los sometieron a cruentas torturas, como es, sumergirlos en el río, darles de patadas en el pecho, ahogarlos; además, violaron a las mujeres, y por último, los asesinaron a todos: en total, 21 comuneros asesinados.
Cuál es la participación de este mal camanejo, Petronio Fernández Dávila: él se desempeñaba en ese entonces, como Comandante General de la Segunda Región Militar, en la zona. En primer lugar, entre las versiones que diera ante la Comisión de la verdad, y las emitidas por el entonces Ministro de Defensa, existían insalvables contradicciones. Esto prueba que alguno de los dos mentía.
En segundo lugar: este miserable, Fernández Dávila, al ser requerido por las autoridades de la Comisión de la Verdad que investigaban el caso, para que diera el nombre del Jefe de la Base Militar de Huaquira de aquél entonces, se negó rotundamente a proporcionar información sobre la identidad de dicho jefe, así como sobre la identidad de los mandos operativos de dicha base militar.
Por eso es que este miserable, Petronio Fernández Dávila, es un encubridor, porque ha faltado y falta a sus deberes de función. Este miserable, al encubrir a la tropa bajo su mando, ha violado sus obligaciones funcionales y constitucionales. Este miserable falta a su moral de soldado -si es que cabe hablar de moral en estas hienas con uniforme-
Me remito al informe de la Comisión de la Verdad, con el título de:
2.42 Desapariciones y ejecuciones extrajudiciales Chumbivilcas
www.cverdad.org.pe/ifinal/pdf/.../2.4.2.%20CHUMBIVILCAS.pdf
Véase especialmente la página 431
Érika — 04-10-2009 - 11:16:47 GMT 1
Leonardo — 04-10-2009 - 11:31:03 GMT 1
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